30 de septiembre de 2006
28 de septiembre de 2006
Me molesta

Me molestan las cosas que suceden sin saber porqué, me molesta tener que ir a revelar fotos, me molesta que me lloren los ojos, me molesta la palabra “tiquismiquis”, me molesta la gente “sabia”, me molesta la gente que tira mal los dados, me molestan los 42º a la sombra, me molestan los flashs de las fotos, me molesta tener los pies sucios, me molesta la letra pequeña de los contratos, me molesta la inexpresión de los ojos, me molesta la gente nerviosa antes de un examen, me molestan los agujeros de los calcetines, me molestan las gotas que se derriten de los helados, y que se me queden las manos pringosas, me molesta que no haya toallas en los baños, me molesta el lío de cables detrás de la televisión, me molesta el desorden ordenado, me molestan las indirectas, me molesta el contestador de los móviles, donde al cuarto tono salta y no da tiempo a coger el teléfono, me molestan las películas que “anuncian” el final del mundo, me molesta que el director de las series de acción deje los capítulos en suspense, me molesta que al mandar una postal bonita y que no llegue a su destino, me molesta el olor a basura en el ascensor, me molesta que la radio tenga interferencias y no se escuche con claridad, me molesta que me contagien los bostezos, me molesta que me pique la nuca, y por más que me rasco, no se me quite el picor, me molesta que las personas nos volvamos viejas, me molestan los ruidos inexplicables, me molesta la suciedad, me molestan las legañas mañaneras, me molesta que me llamen “Adrianita”, me molesta que me chillen en el oído, me molesta tener días negativos, me molesta estar triste, me molesta no conseguir sonreír, me molesta la gente absurda, me molestan los inútiles en el trabajo, me molesta que no me hagan caso, me molesta hablar por hablar, me molesta la frase “tú de que vas”, me molestan los rayos de sol a las siete de la mañana, me molesta que la gente de golpes a las cosas a modo de enfado, me molesta tener que dar explicaciones, me molestan las preguntas que te hacen pensar más de lo normal, me molestan las definiciones absurdas, me molestas tú, me molesta mi intolerancia.
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24 de septiembre de 2006
Ikra
Me encanta cuando me levanto. Siempre me observas con detenimiento. Me dejas un par de segundos y me ayudas a levantarme. Cuando pongo los pies en el suelo, noto una pequeña presencia detrás de mí que me da calor. Comienzo a caminar por el pasillo mientras noto tus pequeños y suaves pasos muy cerca de mí. Al llegar a la cocina veo que has llegado antes que yo. Y ya estás sentada esperando a que comience a desayunar. Popo a poco me observas. Te encanta mi cara de recién levantada. Me miras con detenimiento, no te dejas ni un gesto, ni un suspiro, ni una mirada. Mientras me bebo el café, me fijo. Desayunas a la vez que yo. Y cuando terminas, esperas hasta que me termine la última gota que hay en la taza. Bostezo y con cuidado te acercas a mí. Me rodeas y me das calor.
Llega la hora de arreglarme y como sabes que siempre voy con prisa me esperas en la entrada a mi cuarto. Mientras tanto, yo me voy cambiando. Cuando salgo veo que estás acurrucada en la puerta, esperando a que salga y que vaya a algún lugar al que tú puedas seguirme. Me dirijo al baño para lavarme las manos. Poco a poco te acercas y cuando ves que abro el grifo, subes tus pequeñas y peludas patitas al bidé. Me miras con cara de pena, como pidiéndome que te deje beber un poquito de agua. Junto mis manos. Las lleno de agua y te las acerco al hocico. Cuando ves que me aproximo a ti, mueves el rabo como símbolo de alegría y agradecimiento. Bebes un poquito y cuando se acaba el agua que abarcan mis manos, me miras, pidiéndome un poquito más. Te la doy. Bajas tus patitas y te vas al pasillo donde me esperas sentadita y con la cabeza bien alta, orgullosa de todo lo que haces por mí.
Llega la hora de irme. Veo que metes tu pequeño y movido rabito entre las patas. Te tumbas en el suelo y esperas a que te de la última caricia antes de salir por la puerta. Me miras con cara de pena. No quieres que me vaya, pero sabes que tarde o temprano volveré.
Cuando regreso, abro la puerta del pasillo y antes de que consiga pasar el marco de la puerta, ya estás saltando sobre mis piernas, algo agitada y nerviosa. Sollozas como símbolo de alegría diciendo: “ya estás aquí”.
Me adentro en el pasillo y tu sigues saltando con esa locura tan característica que tienes. Entro en la cocina y con un simple gesto sabes que me voy a dirigir a la caja donde guardo tus “chuches”. Un pequeño hueso de color marrón es suficiente para que te des cuenta de que has sido buena y que no has destrozado los calcetines que estaban colgados en el tendedero.
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Después de haberte deleitado con gran cantidad de caricias me levanto y me voy a mi cuarto. Me siento en la silla y me pongo a estudiar. Tú me observas desde la puerta y cuando ves que procedo a sentarme entras delicadamente en mi cuarto y te situas debajo de la silla en la que estoy sentada, justo encima de mis pies. No te mueves, no suspiras, no ladras. Estás tranquila. En solo unos minutos ya te has quedado dormida.
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23 de septiembre de 2006
París
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22 de septiembre de 2006
Jorge Drexler
Jorge Drexler viene a Zaragoza a dar un concierto con su hermano Daniel. El encuentro tendrá lugar en el Teatro Principal este 26 de septiembre a las 21:00 horas. Como buena fan suya que soy, no me lo voy a perder, eso está más que claro. Además las entradas no son caras, algo que me preocupaba, ya que al ganar un Oscar por la banda sonora de la película "Diario de una motocicleta" con la canción "Al otro lado del río" sube bastante el caché del artista.
En mi opinión, Drexler tiene canciones muy buenas, pero mis favoritas, por ser mis favoritas, yo las califico como únicas. Puede ser el claro ejemplo de "Eco", "Deseo", "Polvo de estrellas", "Se va, se va, se fue", "Todo se transforma", "Guitarra y vos", "La huella de tu mirada", "Horas" y su último single, el cual viene a promocionar aquí a Zaragoza el próximo martes "Transoceánica". Si queréis más información sobre él, de sus promociones o de su concierto en Zaragoza, no dudéis en preguntarme. ¡También existe la posibilidad de escribir un comentario! Si por otra parte preferís bajaros las canciones, yo os lo recomiendo, no os arrepentiréis.
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20 de septiembre de 2006
Pienso luego existo. Pero siempre en verde.
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17 de septiembre de 2006
Inseguridad
Ayer estuve pensando, y caí en la cuenta de que tengo miedo a todo, de que no arriesgo por nada. De que cómo no juego, no gano. Qué por mucho que quiera algo, no lo intento por miedo, miedo al rechazo, miedo a que las ilusiones se desvanezcan.Sigo esperando que algún día se me pase, de que sea fruto de la niñez o de la adolescencia, de no sé que. Pero la inseguridad no me abandona, y mientras pierdo miles de cosas por miedo, miedo a perder, me quedo sola.
Odio esta inseguridad que me caracteriza, y que aunque no la demuestre, no cesa de poseerme, y no me deja disfrutar los sentimientos. Odio retirarme antes de tiempo, y no arriesgarme, y que mis oportunidades pasen a cámara lenta, y las deje irse. Odio pensar tanto las cosas, y dar mil y una vueltas a lo inmóvil. Odio ser sensata. Odio pensar con la cabeza y no con el corazón.
Pienso que necesito a alguien que me complemente, que tenga más iniciativa que yo, que me acepte como soy, que me ayude a superar mis miedos y mis inseguridades. Pero por esa misma inseguridad nunca estoy con la persona que quiero estar, y me vencen los miedos, y me asusta el fracaso.
Espero superar esta inseguridad que me impide disfrutar de la vida, que no me deja vivir mi sueño, que hace que de la espalda a buenos momentos, a grandes oportunidades, y a personas especiales. Por qué aunque sé que soy insegura, aunque sé que tengo miedos, aunque deseo superarlo, no me encuentro segura de poder intentarlo
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16 de septiembre de 2006
Hoy va de frases
* A veces río, y otras lloro. A veces busco y otras encuentro. A veces miro y otras también veo. A veces me gustaría escapar como el agua entre los dedos, pero solo a veces...
* Quisiera emprender la aventura que no me haga volver, y dejar ya de una vez lo que yo mismo no puedo entender.
* Quiéreme cuando menos lo merezca, porque será cuando mas lo necesite.
* La responsabilidad de tener ojos cuando otros los perdieron.
* Una amistad sin confianza es como una flor sin perfume.
* Vivir sin filosofar es, propiamente, tener los ojos cerrados, sin tratar de abrirlos jamás.
* Todo acto de bondad es una demostración de poderío.
* Un amigo es uno que lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere.
* El cine ayuda a soñar. La televisión a dormir.
* Quien habla mal de mí a mis espaldas mi culo lo contempla.
* Hay muchas personas que no saben perder a solas el tiempo y son el azote de las que tienen ocupaciones.
* Los del gallinero pueden aplaudir, los de los palcos basta con que hagan sonar sus joyas.
* Algo debo haber hecho mal, o no sería tan famoso.
* Una mano cerrada es un puño.
* De mucho trabajar no se murió nadie. Pero por las dudas, mejor no arriesgarse.
* El arte de la música es el que más cercano se halla de las lágrimas y los recuerdos.
* La música es el arte más directo, entra por el oído y va al corazón.
* Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas.
* Al hombre perverso se le conoce en un sólo día; para conocer al hombre justo hace falta más tiempo.
* No hay espejo que mejor refleje la imagen del hombre que sus palabras.
* La diferencia entre la palabra adecuada y la casi correcta, es la misma que entre el rayo y la luciérnaga.
* El día peor empleado es aquél en que no se ha reído.
* Afortunado el hombre que se ríe de sí mismo, ya que nunca le faltará motivo de diversión.
* ¡Cómo pinta el deseo los colores del iris en las nieblas de la vida.
* El deseo vence al miedo.
* La felicidad es darse cuenta que nada es demasiado importante.
* El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad.
* No dejes que el pasado interfiera en tu presente, porque tu futuro está en las manos de éste.
* Las hadas son algo que todos querríamos tener porque nos cuidan y, en los malos momentos, nos aconsejan.
* Tener grandes ideas es excelente, transformarlas en realidad una virtud.
* Síguete a ti mismo, sino te perderás.
* No estés triste... busca alguien con quién hablar...
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14 de septiembre de 2006
Un lugar para perderme
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©Adri
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12 de septiembre de 2006
Rasquita

Había una vez un mundo paralelo al de la realidad, donde todo lo que es, no es y todo lo que no es, es. Este mundo estaba habitado por infinidad de personajes mágicos. Deja volar un poco tu imaginación, así podrás viajar a este escondido y maravilloso mundo. Relájate, cierra los ojos y disfruta…
Entro por una puerta de madera oscura. Es vieja, cuando la abro chirría. Cojo el pomo con cuidado, lo giro suavemente hacia la derecha. Consigo abrir la puerta, lentamente la voy entornando hasta que por fin puedo ver lo que hay al otro lado. Una luz clara ciega mi vista. No puedo mirar lo que tengo delante. Entorno los ojos y poco a poco paso por debajo del marco de la puerta. Doy un paso hacia delante. Me adentro en un mundo desconocido. Miro al suelo, veo que estoy pisando hierba. Está húmeda y fresca. Alzo la vista al frente, descubro un paisaje frondoso, lleno de árboles, plantas, setas y flores. Un pequeño destello llama mi atención. Me fijo e intento saber que es. Busco algo que me pueda guiar para descubrirlo. Me doy cuenta que ha dejado un polvo brillante mientras pasaba. Una estela. Voy tras ella y corro para poder averiguar que era eso. Cada vez la estela desaparece más y más deprisa, si no corro, la pierdo.
Por fin llego a su destino, una pequeña hada me espera a la vuelta del tronco de un árbol. La miro. Ella señala al suelo. Bajo la mirada y veo un pequeño duende.
El duende viajaba en la espalda del hada, llevaba las piernas llenas de purpurina. Mientras lo miro, veo que se sacude toda la brillantina que llevaba encima. El gesto es como cuando un perro sale del agua. Gira la cabeza de derecha a izquierda muy rápido. Este giro va bajando por el cuello, la tripa, la cintura, las piernas, hasta llegar a los pies donde los sacude uno a uno. Después de limpiarse, parece estar satisfecho. Me mira y me suelta una sonrisa. Yo le correspondes con otra.
El duende es curioso. No lleva gorro, ni tiene verrugas en la nariz. Es más bien bajito, rechonchete, con unas orejas más grandes que su cabeza. Sus ojos son brillantes, tienen una luz especial, como si estuvieran encantados. Su cuerpo es de color naranja, sus pequeñas manos tienen todos los dedos definidos, los brazos son cortitos. Los pies del tamaño de un terrón de azúcar y de su cuello cuelga un pequeño cascabel del tamaño de su nariz.
Con el dedo indice de su mano derecha me pidió que le siguiera. Decidí dejarme llevar y que me guiara a su destino. Recorrimos todo ese bosque. En el trayecto pude divisar hadas, duendes, gnomos y sirenas. Las hadas vivían en jaulas de cristal, los duendes debajo de los tréboles, los gnomos en los troncos de los árboles viejos y las sirenas en las profundidades del río. Todos vivían en el mismo bosque.
Me quedé observando al duende mientras íbamos andando por el bosque, tenía movimientos graciosos, llenos de alegría, andaba como los siete enanitos de Blancanieves cuando salían de la cueva de los diamantes. Ese mismo movimiento corporal. Sus orejas bailaban al son de sus pasos, subían y bajaban. Las manos acompañaban a las orejas. Sus ojos me miraban y me daban tranquilidad. Cantaba una canción dulce, llena de palabras bonitas. Esto aún me relajaba más. Sabía que estaba en un lugar seguro. Era todo magia y nada me podía pasar.
Cruzamos un puente, vimos el río. Anduvimos un poco más y me dijo que ya quedaba menos. Pude contar todos los árboles que había en el camino. Lo hice para no perderme. Eran quince robles, tres plataneros, nueve almendros y seis pinos. En este mundo era primavera, todos los árboles estaban en flor. Tenían colores diferentes y un olor característico. Esto los diferenciaban unos de otros. Pasamos el bosque y entramos en una cueva. La entrada era bajita y me tuve que agachar para poder pasar a su interior. Estaba oscuro, no se veía nada. A medida que nos adentrábamos en la cueva, vi pequeñas antorchas colgadas con cuerdas en las paredes. Esto le daba un poco de luz y un poco más de profundidad. La gruta no acababa. Hubo un momento en el que el techo desapareció. Estaba mucho más alto. Alcé la vista y vi una lámpara de araña con miles y miles de cristalitos colgando. Ahora había más luz, se veía todo a la perfección. Ya habíamos llegado a nuestro destino.
Miré al interior de la gruta. Había cuadros colgados en las paredes, cuatro mesas de madera redondas y siete sillones orejeros. Bajé la mirada al suelo y me di cuenta de que había un montón de duendecitos saltando por el suelo. Muchos de ellos me agarraban los pantalones a la altura de los pies y me arrastraban al centro de la sala. No me hacían daño, así que me dejé llevar. Me sentaron en uno de los sillones orejeros. Nada más sentarme, se pusieron todos en filas de siete. Ellos me miraban y me obsequiaban con sonrisas y guiños de ojos. Se sentaron todos a la vez, dejando la sala en silencio. Al cabo de escasos segundos apareció otro duende. Un duende diferente al resto. Llevaba una capa roja con los ribetes en blanco y negro. Andaba con un gesto de superioridad. Con la cabeza bien alta y con la mirada fija en el horizonte. Comenzó a adentrarse en la sala. Pasito a pasito, arrastrando la capa roja. El resto de los duendes agacharon sus cabezas a modo de reverencia. A medida que pasaba, las filas iban alzando sus cabezas. Cuando el duende de la capa llegó hasta mí, me miro con unos ojos bondadosos y fijos. Se dirigió a mi diciendo: “Señorita, ha sido elegida princesa del país de la magia”
Un pequeño duende de color azul, que estaba detrás de uno de los cuadros salió con algo en sus manos. ¡Llevaba una corona repleta de purpurina! Iba dejando rastro por cada sitio que pasaba. Estaba encima de un cojín amarillo. El duende de la capa roja, tomó con sus pequeñas manos la corona y la depositó suavemente sobre mi cabeza. En aquel momento me di cuenta de que yo no había atrapado a un duende, el duende me había atrapado a mí.
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8 de septiembre de 2006
Alfred Hitchcock
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