31 de octubre de 2006

Iniciación

Si hay siempre mucho que leer, es que no tengo ganas de hablar y tengo poco que decir. Esto lo repito por todas partes. Si no escribo, no soy. Y si no soy, no escribo. Con lo cual, siempre me toca escribir. Escribo porque me gusta, porque disfruto y porque lo que me gusta de escribir es cuando termino. Siento como una liberación conmigo misma. Como si hubiera sacado cada uno de los pequeños cristalitos que tengo dentro. Toda la metralla que la guerra dejó. Sólo puedo sacarlos con las pinzas de la escritura. Dejando de lado todo lo vivido. Sueño con las letras y me dejo llevar por las palabras. Navego por las frases y disfruto con las historias. Puede que exista, pero si no escribo, sólo soy una fachada.

Lo que los demás ven en mí, no es realmente lo que soy, sino lo que ellos creen que soy. Yo soy otra cosa. Y eso se lo digo a mi espejo. Al espejo de mi alma. Si en algunos momentos parece que me quiero morir, es porque temo al fin de la vida mucho más que tú, que tú y que tú. Y eso me pasa porque me distraigo con la realidad, y no miro al abismo y tampoco dejo que él me mire a mí. Si no hablo de lo que hago a diario, es porque no me siento ahí cuando se supone que lo estoy haciendo. No he escrito jamás una sola línea en la que, en el fondo y de algún modo, no estuviera hablando de mí. Y detrás de todas las palabras sólo hay una mirada atrás en el futuro. …Si crees que me entiendes por haber leído estas payasadas, es que no te conoces lo suficiente

29 de octubre de 2006


^Ir en tren ^Hacer reír a un niño ^Ver cómo el sol se pone ^Hablar con mi hermano ^Saber que tengo amigos ^La música ^Escribir ^Ser consciente de mis momentos de felicidad ^Drexler en un teatro ^La poesía horizontal ^Cortázar, Millás, Ruiz Zafón... ^El cine ^La dulce voz de Norah Johnes ^Oír truenos desde mi cama ^Que me acaricien ^Una naranja ^Ducharme con agua muy caliente ^Sonreír ^Cantar y desafinar hasta que se me salga el corazón por la boca ^Neruda, Lorca, Rimbaud, Manrique… ^El francés ^Que me den un beso ^Que me abracen ^Recibir cartas ^Montar en bicicleta ^Que me digan cosas al oído ^Ver cómo llueve asomada a una ventana ^Ver la luna y las estrellas ^ Tener presentimientos ^ Jugar al baloncesto ^ El Discovery Channel ^ El sonido de The Coors en una habitación vacía ^El pájaro Mr. Picuik ^Los regalos de Navidad ^Las chapas ^Utilizar el Photoshop

^Un paisaje de nubes ^La ensalada de jamón, queso de cabra, zanahoria y lechuga ^Beber agua fresquita ^George Clooney ^Leer el periódico o una revista mientras desayuno ^Desayunar con mi padre los domingos y reírme hasta que se me salga el café por la nariz ^Que confíen en mí ^Correr como si quisiera alcanzar el tiempo ^Perderme en una biblioteca ^Los momentos de soledad dosificada ^El llanto en una despedida ^La fotografía ^Las palabras bonitas ^La nostalgia y la melancolía ^Dalí, los cuadros de Paquito y los de mi abuela ^La esperanza ^Disfrutar de los pequeños placeres y detalles ^El olor de los libros ^ Las coronitas ^ Cazar moscas ^ Bucear ^ Los reportajes sobre los criminalsitas famosos ^El sonido del Eco ^Que me digan te quiero en un idioma que no sea el español ^Coleccionar sellos ^Mirar si me ha tocado El Cuponazo ^Que alguien me de un céntimo de la suerte

Visitar un buen museo ^El azar y la casualidad ^Un detalle inesperado ^Las noches del lunes ^Un capítulo nuevo de C.S.I ^Que Anapi me lleve en coche ^Visitar H&M frecuentemente, muy frecuentemente con Anapi, claro ^Que me cojan de la mano ^Los grupos de música que no están de moda ^Las cosas que no se tocan ^El hablar de los argentinos ^El olor de la cocina de mi abuela ^Ver a mi hermano disfrutar ^El blanco y el negro ^Las converse ^La moda de mi estilo ^Los osos panda ^Ikra ^Mi madre por las mañanas ^Que me escuchen ^Que me comprendan ^Las cosquillas ^Tocar la guitarra española ^Ir en autobús ^Los murales con fotos por mi cumpleaños ^El helado de cokies & cream ^Ver a mi abuelo grabando cintas ^Silbar ^La casa de Francia de mi tía Sara ^El Aeroclub ^Tener tiempo libre ^Una promesa ^Un mimo en mitad de una calle transitada ^ Pensar en voz alta ^Viajar en avión ^Ver un atardecer desde el cielo ^El sonido del agua hirviendo

Los baches en la carretera cuando voy con el autobús y que un escalofrío me recorra la espalda ^Las fotos haciendo el tonto con los amigos ^Un bocadillo hecho con mi padre ^Envejecer ^París ^Las canciones interminables en el MP4 ^Ver películas con mi padre ^Que se me pierda la mirada ^Que la lluvia moje mi cara ^Tener escalofríos ^Mis uñas pintadas de color frambuesa ^Tomarme un café con alguien que no veo desde hace siglos ^Los asteriscos ^Un diez en un examen ^El subrayado en rojo en Word cuando escribes mal una palabra ^Las descripciones bien hechas ^Inventarme palabras ^La expresión “cacho heavy” dicha por Raúl ^Taparme con una manta ^El sol atravesando el cristal del autobús ^El olor a limpio en las sábanas ^Mantener una conversación intensa ^Tener un dejavu ^Pintar con rotuladores ^Hacer collages ^Grabar discos de música ^Hacer pulseras ^Mirar el calendario y ver que aún me quedan días para seguir diciendo lo que me gusta

25 de octubre de 2006

Tela de araña


Una tarde cualquiera. Iba y venía. Venía e iba. Entré en una sala. Tenía cuatro paredes. Paredes de plástico prefabricado. Una luz efervescente que hacía que la situación fuera más incómoda. Una mesa alta blanca. Vacía en su superficie. Sólo un teléfono inalámbrico sin señal. No sonaba. Dos sillas granates a cada lado de la mesa. La más importante era más alta y tenía ruedas. La secundaria era más pequeña y con cuatro patas grises de aluminio. Un poco incómoda, por cierto. A la derecha un armario blanco. Cerrado con llave. Seguramente no contenía nada, pero parecía ser importante. Un par de libros en la estantería contigua. Algunos volcados, otros apoyados sobre su parte inferior. Todo estaba a punto. Comenzamos

Una se sentó en la grande y otra en la pequeña. Entablaron conversación como dos personas normales. Primero habla una, luego la otra, y así sucesivamente. Preguntas, respuestas, frases que se quedaban en el aire, explicaciones innecesarias, excusas inválidas… Fue una conversación envolvente. De esas que cada frase que te dicen, te vas quedando sin palabras, sin fuerzas para responder, con miedo a decir algo que no tienes que decir. Sólo se oían silencios y preguntas. Preguntas y silencios. No es que no quisiera responder. Es que o no sabía que decir o no tenía palabras para contestar.

Esto me recordaba al momento en el que el sacacorchos pincha el corcho. Poco a poco se va retorciendo e incrustando su afilada punta. Y cuando llega a escasos centímetros del final, empieza a dar vueltas y vueltas para que se mareé, para así poder sacarlo a la superficie. Lo bueno es que el corcho sale. Salir, sale. A veces en perfectas condiciones, entero y con un solo agujero. Otras completamente destrozado, soltando pequeñas miguitas o incluso con varias imperfecciones porque no se ha dejado sacar.

Cuando lo sacas puedes ver como era el corcho, y con ella su forma, sus características, su aspecto exterior e interior, la cantidad de desperfectos, cualidades y deterioros que tiene después de salir de la botella. Después, llegó la realidad. Ese fue el momento en el que todo se quedó vacío, frío, húmedo, hostil, extraño, triste, enfadado, molesto e incómodo. En un primer momento, la impresión fue esa. Tocaba enfrentarse cara a cara con todo lo que tenía dentro. Dentro y fuera. Fuera de todo, dentro de nada. Todo fue demasiado rápido, veloz, fugaz. No fue fácil. Todo tan de repente...

Terminadas las reflexiones, las preguntas, las respuestas, las preguntas sin respuestas, las opiniones, las visiones de futuro, las metas, los fines y los diferentes puntos de vista de la conversación, todo acabó.

Cada una por su lado. Una a trabajar. Otra sin rumbo fijo. Bajé aquellas interminables escaleras. Un sin fin de escalones me llevaban a ningún lugar. Salí del edificio. Un gran calambre y ganas de huir me hicieron correr. ¿A dónde? No lo sé. No sabía mi destino. Me dejaba llevar por las grandes zancadas que mis piernas provocaban. Saltaba pasos de cebra. Encorría a los pájaros que a aquellas horas de la noche se encontraban en las aceras de las calles. Mis ojos se salían de sus órbitas. Dejando escapar pequeños rayos de ira, enfado, orgullo, descolocación, shock, y alguna que otra lágrima. Pero pocas. Más bien, escasas. Lágrimas de impotencia e incomprensión del porqué me pasaba todo eso. No lo podía entender. A lo mejor, era demasiado pronto.

Seguí corriendo. No me detuve ni un solo instante. Atravesé calles. Pasé semáforos en verde. Y algunos en rojo con tal de llegar a algún lugar. Parece ser que me cansé de correr. Estaba ahíta. Ya había corrido bastante. La dirección que tomé no se cual era, pero llegué a Camino las Torres. Me di cuenta que mi propio instinto me había llevado a casa de alguien que sabría como ayudarme. Llegué al portal y caí rendida. Apoyé mi espalda y mi cabeza contra la pared. Poco a poco fui descendiendo hasta quedarme en el suelo sentada. Out.

Buscaba una salida a oscuras, como un pequeño y desorientado topo. Ignoraba cuándo había comenzado a correr... contra el tiempo, contra mi vida, contra el pasado y el futuro. ¿Se puede huir del pasado? ¿Y del futuro, que es eternamente etéreo? No quería mirar atrás, pero miss ojos me traicionaban, y veía a través de mi alma todo el dolor del que, en silencio, había sido protagonista. Deseaba volver a empezar... ¿acaso es imposible? Borrar agendas de teléfonos, rostros, palabras, lugares, recuerdos... Deseaba volver a empezar. “Hola, soy Olvido, hola”. Mierda. Ridículo. Buscaba una salida... o una entrada. Huía del pasado, huía del futuro, para no ser ya más aquella chica, para no ser ya más, para no ser...

24 de octubre de 2006

Sueña


Nunca supo como habían llegado esas gafas a su casa, pero allí estaban en una urna junto a unos guantes viejos. Nadie le dijo de quién eran, sólo sabía que no las podía tocar. Pero por las noches mientras todos dormían se ponía las gafas y soñaba con volar. Volar, volar, volar hacia algún lugar, pero no sabía cual. Con su imaginación se dejaba llevar. Nunca se cansaba de viajar, de países y lugares visitar. Intentaba dejar de navegar, pero su imaginación le impedía parar. Todo era tan bonito que no podía descansar. Con esas gafas y esos guantes nadie le impedía soñar. Sueña. Sueña con volar, navegar, viajar y dejarte llevar.

Foto de Casiopea

23 de octubre de 2006

Desorientada



No sé donde está el principio. No sé donde está el final. No sé si ir hacia arriba. No sé si ir hacia abajo. No sé si entrar. No sé si salir. No sé si ir a la derecha. No sé si ir a la izquierda. No sé en que piso estoy. No sé a donde ir. No sé que rumbo escoger ni que camino elegir. No sé si coger el ascensor o subir andando. No sé si tengo que bajar. No sé que escalon está en malas condiciones. No sé si lo pisaré. No sé dónde está la entrada. No sé donde está la salida. No sé si estoy girando. No sé si estoy quieta. No sé dónde está el camino correcto. No sé dónde está el equivocado. No sé dónde está mi cruce de caminos. No sé que escoger. No sé que no escoger. No sé lo que tengo. No sé lo que dejo de tener. No sé dónde está mi brújula. No sé dónde está mi orientación. No sé nada. No sé. Yo sólo sé que no sé nada.

21 de octubre de 2006


18 de octubre de 2006

La risa


Reír. Ríes de alegría. Te ríes de un chiste. Ríes de felicidad. Ríes de estrés. Ríes de emoción. Ríes cuando dices tonterías. Ríes cuando eres feliz. Te ríes de ti misma. Ríes sin sentido. Ríes si piensas cosas que no son reales. Ríes si imaginas. Te ríes de los payasos. Ríes si ves a un perro intentar morderse el rabo. Ríes si ves a un gato intentando cazar una mosca. Te ríes si te hacen cosquillas. Ríes cuando miras a alguien que se ríe. Con tu risa puedes contagiar a otras personas. Llenar su boca de felicidad. Convertir sus ojos en ojos llorosos. Almacenar las risas en un cajón. Y cuando las sacas sólo se escuchan risas

Te ríes por no llorar. Te ríes de tus defectos. Te ríes con tus amigos. Te ríes con tu familia. Te ríes de las anécdotas de la gente. Te ríes de las historias. “Va una serpiente y se abre de piernas”. Te ríes de las rayadas absurdas. De esas que al pasar por tu cabeza, dejan un rastro sonriente. Te ríes si sonríes. Te ríes por la calle al recordar algo gracioso. Te ríes cuando Motis da sus clases. Te ríes de las cosas absurdas. Te ríes de los anuncios. Te ríes de las casualidades de la vida. Te ríes de las canciones. Te ríes de las reglas nemotécnicas de la gente. Te ríes de un mono rascándose la cabeza. Te ríes de lo que escribes. Te ríes cuando alguien tartamudea. Te ríes si ves a un bebe reír. Te ríes si se ríen. Te ríes de los muñecos de las camisetas. Te ríes al recordar algo gracioso que te ha pasado en el día. Se ríen conmigo. Te ríes porque sí

Con la risa se llega a todos lados. Ayudas a la gente a ser feliz. Llenas los espacios vacíos con risas. Llenas sus vidas de felicidad. Alojando una pequeña muesca consigues que la gente te vea feliz dejando así una estela que te haga ser inmortal. Simplemente hace falta reírse sin más

Llorar


Por eso lloras de pena. Lloras de alegría. Lloras de miedo. Lloras de emoción. Lloras de tristeza. Lloras porque sí. Lloras por daño. Lloras de amor. Lloras de sueño. Lloras por soledad. Lloras de impotencia. Llorar a chorros. Lloras con las películas.
Lloras a lágrima viva. Lloras la digestión. Lloras el sueño. Lloras a las puertas y los puertos. Abres las canillas, abres el llanto. Empapas el alma, la camiseta. Inundas las veredas y los paseos, y salvas a nado de nuestro llanto
Asistes a los cursos de antropología, llorando. Festejas nuestros cumpleaños llorando. Atraviesas África, llorando. Lloras como un cocodrilo… si es verdad que un cocodrilo nunca deja de llorar.
Llorarlo todo, pero llorarlo bien. Llorarlo con la nariz, con las rodillas. Llorarlo por la boca, por el ombligo. Lloras de amor, de hastío, de alegría. Lloras el frac, el flato, la locura. Lloras improvisando. Lloras de memoria. Lloras toda la noche. Lloras todo el día. Llora. Llóralo todo, pero llóralo bien.

Día nublado


Aquí no es que sea un gran día. Me levanté y estaba lloviendo. Hay una niebla alucinante. No se ve más allá de dos palmos de tus narices. Te metenes dentro y no sabes salir. No ves ninguna cosa que te deje escapar de ella. Te nubla la vista. No ves nada. Te chocas con la gente y la gente se choca contigo. Los pies andan con miedo. Temerosos de meterse en un agujero y luego no poder salir. Bajas la cabeza para poder adivinar por donde vas. Sólo ves la punta de tus converse negras favoritas. Justo encima de ellas, los flecos de tus pantalones vaqueros bien empapados y húmedos. La humedad que hay en su interior hace que tengas los pies frios. Que se te mojen los calcetines. Y que tu dedo meñique no pueda moverse. ¡Pobre! tan pequeño y ya está congelado. Tus manos están en los bolsillos. No las quieres sacar porque se te incharán los dedos. Se te quedarán azules. Se te hincharán y no podrás sacarte el anillo. La nariz está roja como un tomate. Colorada a más no poder. No se hincha, pero no la notas. Eso te preocupa. No sentirla. ¿Y tu nariz? vaya. Se me olvidó en casa. Como la carpeta. La carpeta en la que llevaba los apuntes para poder atender en clase. En fin. Un día nublado. Un día perdido. Un día con frio. Un día sin nariz. Un día sin apuntes.

17 de octubre de 2006

Libre albedrío

Pensamos que todo lo hacemos bien. Pensamos que estamos en lo correcto. Pensamos en que cada vez vamos a mejor. Pensamos en que mejoramos nuestro ánimo día a día. Pensamos en que, aunque es difícil, cada vez es más fácil. Pensamos en que las cosas pueden llegar a terminar bien. Pensamos que si miramos al cielo podemos ver la luna. Pensamos que cada paso que damos es más seguro. Pensamos que estamos rodeados de una sociedad normal. Pensamos que las canciones transmiten todo aquello que sentimos. Pensamos que escribiendo nos desahogamos. Pensamos nos rodeamos de gente que nos quiere. Pensamos que siempre estarán ahí. Pensamos que si nos aislamos del mundo, podemos centrarnos en nuestros problemas y resolverlos. Pensamos en todo y en nada a la vez. Pensamos que siempre es siempre y nunca es nunca. Pensamos.

Estamos equivocados. Estamos confusos. Estamos perdidos. Estamos ansiosos por encontrar una solución. Estamos perdidos en una inmensidad de dudas. Estamos hartos. Estamos tristes. Estamos bailando al son de una melodía que apenas escuchamos. Estamos mirando al cielo y no encontramos el fin. Estamos viviendo en una vida que no sabes si realmente te la mereces. Estamos viajando a lo largo del tiempo pero no sabes donde vas a llegar. Estamos asimilando las cosas. Estamos pasando de todo. Estamos alejándonos de todo aquello que nos preocupa. Estamos analizando las soluciones. Estamos recapacitando. Estamos pensativos. Estamos abstractos en un sofá. Estamos leyendo cosas sin importancia. Estamos dejando de sentir. Estamos dejando pasar las oportunidades. Estamos metiéndonos en problemas. Estamos con mal carácter. Estamos huyendo de la realidad. Estamos metiendo la pata hasta el fondo. Estamos cometiendo errores pero sin saber donde. Estamos rodeados de manías. Estamos enfrentándonos a un problema. Estamos.

No se puede. No se dice. No se hace. No se habla. No se comenta. No se guarda. No se dice. No se calla. No se piensa. No se atribuyen porqués. No se evade. No se piensa. No se discute. No se escucha. No se murmura. No se canta. No se mueve. No se está quieto. No. No. No

11 de octubre de 2006

[.....]

Hay días que se desploman sin remedio como las nubes sobre un horizonte inalcanzable, sin que el cielo más hermoso tenga posibilidad de levantarlos... También existen palabras que se clavan en el fondo de una cabeza llena de esas nubes que nunca tocarán las mismas manos que añoran algo que poder comprender. Y yo las cambiaría, sin apenas pensarlo, por alguien quien me hiciera ver las cosas de otra manera. Que me ayudara a decirme todo lo que nadie se atreve a decirme. Porque hay corazones que sólo saben gritar cuando ya no soportan más silencios, y hay otros que, sin embargo, se conforman con quedarse a tan pocos centímetros de alcanzar la fortaleza y la verdad... y aún así, pueden seguir sintiendo que aún está demasiado lejos.


Ahora me toca caminar sola sin pensar en nada dejando que el viento me golpee la cara aislándome de los ruidos que me rodean. Pensando en nada o tal vez en mucho.

6 de octubre de 2006

Un globo, dos globos, tres globos


Son bonitos los globos de colores. Como las pompas de jabón que te invitan a jugar con ellas. Luego, como las ilusiones, se deshinchan y queda su "piel" arrugada y mustia. Pero cuando no se pinchan, se explotan. Quizás lo más bonito sea dejarlos volar, que se alcen y que se pierdan. Todo lo relacionado con los globos es cuestión de pocos minutos, pero dejan un aire de fiesta, de espectáculo, de alegría inocente... Pero los globos son como nuestros sueños. A veces se escapan y dejamos de creer en ellos. Pero luego viene otro sueño y volvemos a estar contentos. Lo mismo ocurre cuando un globo se nos escapa, cogemos otro y nos volvemos a divertir.

2 de octubre de 2006

SERIES DE MI INFANCIA


Buscando el otro día fotos encontré algo que no me esperaba encontrar. Me topé con una de mis series favoritas que veía cuando solo tenía 7 añitos. Punky Brewster. Era mi ídolo. La admiraba. Siempre iba con la ropa que quería. Con dos coletas en la cabeza. Podía llevar los calcetines de diferentes colores y su padre adoptivo Henry, no le decía nada. Tenía un perro muy obediente y encima le salvó la vida en dos o tres ocasiones. Tenía un cuarto de ensueño. Cada pared de un color. Un armario amarillo. Una silla verde y un montón de juguetes que compartía con su mejor amiga Cherie. Las dos amigas siempre jugaban en la casa del árbol que tenían en el patio de su casa. Se contaban sus secretos y hacían pactos de "amigas para siempre" con Kepchup. ¿Quién no ha hecho un pacto de kepchup? En todas estas series siempre tiene que haber una niña pija y con mucho dinero. Esa era Margeaux. Rubia y prepotente. Pero que en el fondo era una buena persona. Y las tres hacían una buena panda. La abuela de Cherie, Betty, era una buena cocinera y siempre preparaba buenas merendolas a las que también estaba invitado el único chico protagonista de la serie Allen. Siempre ocurrian cosas divertidas. Como aquel día que Punky se encontró a Brandom, el perro, en la calle y le pidió a Henry que se quedaran con el. O aquel día que Betty enseñó a conducir a Henry y éste se liaba con los pedales y terminaban chocándose con un árbol. O en ese capítulo en el que se unían todos, amigos, abuelas y padres adoptivos para construir la casa del arbol... Todas estas y mchas más son las aventuras que le ocurrian a Punky en cada uno de sus capítulos.

Seguí navegando por lo que viene a ser Internet y encontré el video de la presentación de la serie. Cuando lo ví no lo recordaba a la perfección, pero la letra de la canción me la sabía de memoria. ¡Qué cantidad de veces habré escuchado esa canción! Por si no os acordais os dejo aquí la dirección de dónde saqué el viedo. Espero que lo disfruteis tanto como yo