
Siempre tenía presente el miedo a enfrentarse al papel en blanco, aunque las ideas no dejaban de navegar por su cabeza. Sabía que había algo en su interior, pero le costaba mucho sacarlo. Le gustaba inventar expresiones, debatir sobre historias invisibles, soñar con la palabra amor escrita en un papel, lucir literatura en sus manos cuando iba en el autobús y componer textos invisibles e imaginarios con la primera estrofa de cada canción.
Los tiempos verbales siempre fueron la gran preocupación de su vida. No sabía en qué época había vivido las cosas, y a la hora de describirlas, dejaba que la fantasía corriera a través de las palabras, cambiando con facilidad, el tiempo de los hechos, escribiendo así, sus historias con un componente farragoso que sólo ella podía comprender.
Eso, a lo largo de los días de intensa escritura, no le valía. Porque para qué escribir para ti y publicar para los demás; si los demás, no lo van a entender. Así que se propuso un fin: olvidar los tiempos verbales y recrear su vida en presente. Olvidando el pasado y dejando que el futuro llegara cuando tuviese que llegar
Siempre tenía presente el miedo a enfrentarse al papel en blanco, aunque las ideas no dejaban de navegar por su cabeza. Sabía que había algo en su interior, pero le costaba mucho sacarlo. Le gustaba inventar expresiones, debatir sobre historias invisibles, soñar con la palabra amor escrita en un papel, lucir literatura en sus manos cuando iba en el autobús y componer textos invisibles e imaginarios con la primera estrofa de cada canción.
Los tiempos verbales siempre fueron la gran preocupación de su vida. No sabía en qué época había vivido las cosas, y a la hora de describirlas, dejaba que la fantasía corriera a través de las palabras, cambiando con facilidad, el tiempo de los hechos, escribiendo así, sus historias con un componente farragoso que sólo ella podía comprender.
Eso, a lo largo de los días de intensa escritura, no le valía. Porque para qué escribir para ti y publicar para los demás; si los demás, no lo van a entender. Así que se propuso un fin: olvidar los tiempos verbales y recrear su vida en presente. Olvidando el pasado y dejando que el futuro llegara cuando tuviese que llegar
Siempre tenía presente el miedo a enfrentarse al papel en blanco, aunque las ideas no dejaban de navegar por su cabeza. Sabía que había algo en su interior, pero le costaba mucho sacarlo. Le gustaba inventar expresiones, debatir sobre historias invisibles, soñar con la palabra amor escrita en un papel, lucir literatura en sus manos cuando iba en el autobús y componer textos invisibles e imaginarios con la primera estrofa de cada canción.
Los tiempos verbales siempre fueron la gran preocupación de su vida. No sabía en qué época había vivido las cosas, y a la hora de describirlas, dejaba que la fantasía corriera a través de las palabras, cambiando con facilidad, el tiempo de los hechos, escribiendo así, sus historias con un componente farragoso que sólo ella podía comprender.
Eso, a lo largo de los días de intensa escritura, no le valía. Porque para qué escribir para ti y publicar para los demás; si los demás, no lo van a entender. Así que se propuso un fin: olvidar los tiempos verbales y recrear su vida en presente. Olvidando el pasado y dejando que el futuro llegara cuando tuviese que llegar.
*Desolado